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La historia de la columna. Día 3. – El mismo, la misma. Mayo 15, 2008

Posted by lapaginadelaresaca in Psicología.
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Plaza Hussey. En frente de la imponente casa de altos estudios de la salud, construida por el General Perón, me encuentro con el maestro de la parapsicología. Parece hacer  caso omiso de tal majestuoso recinto. Lo encuentro sin el menor rastro de solemnidad sentado en un banco de la plaza, con el diario increíblemente aún entre las manos, con el cuello colgando hacia atrás, la respiración pasmosa y su ya característico hilo de baba cayendo. La imagen es decorada auditivamente con un suave estertor producto del ronquido de un sueño inestable y seguramente lleno de imágenes juveniles y picarescas. 

Lo zamarreo un poco por el brazo y sin la menor dilación, despreocupado, me dice: “¿qué hacés?, ¿por qué no me despertaste?”. Directamente no le respondo. Me anuncia que está a punto de emprender un viaje. Me sorprendo y le pregunto a dónde. Me encuentro verdaderamente apenado, con la triste sensación de que la columna se aleja cada vez más. Me contesta que no sabe, que no está seguro, pero que supone que al Tigre: “Viste ahí en Ayacucho, por ahí pasa el 60”. Me tranquiliza la corta distancia del mismo, al tanto que me preocupa la salud mental del mismo. Le aviso que tengo poco tiempo y espacio porque estamos en Internet y si pensó lo de la columna. Me guiña el ojo y ya me veo venir otra vez el tema de Torraca. Lo paro en seco y le recuerdo que el arquero este vez fue Rodrigo y que lo conocemos desde hace muchos años y que tenemos alguna foto que demuestra que él y Torraca no son la misma persona, empezando por el hecho irrefutable de que aparecen juntos en la moderna pictografía. Me mira y sentencia: “Excusas”.

Todavía me encuentro de pie y lo someto a un interrogatorio para comprobar si leyó la página de La Resaca. Me mira desconcertado y me dice que se llevó la servilleta a su casa pero que cree haberla usado el domingo a la noche para sumergir adentro una cuantiosa porción de pizza y que además, no importa cuánto aceite haya trasparentado la misma, no entiende qué es eso de “http://” que la misma tenía escrito. Le digo que la corte de decir “la misma”, mientras espero su clásico “era una joda”. Ante su silencio me veo en la obligación de explicarle que eso significa que es una página de Internet. No he terminado de explicarle en qué consiste este detalle nimio, y empieza a tararear un tango. Lo observo inquinado, o más bien inclinado (a punto de caerse) y en eso aparece en su tararear el estribillo de “El bulín de la calle Ayacucho”. Estoy a punto de enojarme, pero algo me lo impide: el psicólogo ya está durmiendo otra vez  la mona. Caigo en la cuenta de que de lo único que estoy a punto es de escribir la columna yo mismo, una vez más. Por esta vez, da lo mismo. 

Felices siestas.