La historia de la columna. Día 4. – Eleven. Mayo 21, 2008
Posted by lapaginadelaresaca in Psicología.8 comments
Barrio del Once. Crisol de razas. Esquina Paso y Corrientes. Marcho al encuentro del psicólogo. A cincuenta metros se ubica el Gran Templo de Paso. Enfrente un supermercado chino. Se me ocurre comentarle al llegar que durante toda mi niñez mis padres me obligaron a ir al templo en los días de las fiestas importantes –la jerarquía religiosa es muy peculiar-. Siento que como todo buen psicólogo debe honrar a la civilización judía por eso de Sigmund. Así como todo buen científico debería hacerlo por Einstein y todo buen comunista por Marx. Así como todo buen judío debería aborrecerla por culpa de sus padres y por conocerla desde adentro. Llego finamente al bar y el maestro me está esperando en una mesa contra una ventana. La mirada fija en el horizonte. Concentrado, lacónico. Un brazo acodado hacía afuera. La ventana abierta pese al frío. El horizonte escudriñado subsiste un poco hacia arriba. Cuando intento orientar mi cuerpo para tener su misma perspectiva visual, me señala sin saludarme: “A la humanidad el Pupi Zanetti le salió raro: casi lindo, casi horrible. Una combinación que no vi nunca. A mí la gente me parece linda, fea o más o menos. Pero Zanetti no es más o menos: es casi lindo, casi horrible ¿me entendés?” Logro finalmente descifrar hacia donde mira y veo un cartel gigantesco del jugador. Ante la imagen que me devuelve -como alcohólico antes de dormir- el cartel, no puedo más que rendirme a semejante e irrevocable acierto. Con un gesto cervical, apruebo.

Tomo asiento. No sé como abrir la conversación. Así que no digo nada. Pienso, eso sí, que quizás estoy por presenciar uno de sus breves momentos de lucidez mental. Lucidez espasmódica, por cierto. Como una tos, un motor con problemas de carburación. En efecto, el maestro de la quiromancia onírica fue el que propuso el título televisivo “Carburando” allá por la década del setenta. Aunque claro, se trataba de un programa sobre psicoanálisis. Fue rechazado. Aproximadamente quince años después se utilizó para el programa que ya todos conocen. Hago una intentona para ver si su estado mental, al que aludí más arriba todavía sigue en pie, pero compruebo que se ha derrumbado. El psicólogo yace en suelo retorciéndose. Se queja de algo, pero no se comprende de qué. Empieza a babear. Grita algo sobre la resaca. Este detalle en medio del berenjenal que ha provocado me llena de vanas esperanzas. La gente de las mesas vecinas, lejos de ayudar comienza a retirarse espantada. Todo es en vano. Allí permanece tumbado. En esta ocasión ni siquiera pudimos hablar de Torrraca que volvió al arco y particularmente excedido de peso. Mucho menos de la columna que, como hilo de baba, se pierde lentamente sobre los mosaicos en un hilo de baba.
Aprovecho eso sí, para mandarle desde este foro un saludo a mi Baba Eva.

PS: el editor me comenta que el equipo por su mal momento necesita las palabras del psicólogo más que nunca. Así que recurro a una frase que nuestro terapeuta me refirió hace ya mucho tiempo: “No entiendo cómo puede haber gente tan pelotuda que le pone a su auto calcomanías de otra marca de auto mejor.” Espero que esta frase ayude a levantar el ánimo. Si no, por lo menos, mejorará el buen gusto de los comensales: ya saben, si tienen ese tipo de calcomanía…




